INVESTIGACIÓN. Arquitectas tienen proyecto para rescatar el valor de las construcciones.

La ruca significa casa en mapudungún, y para los habitantes de Boyeco -y el mapuche en general -estas construcciones tienen un significado especial pues los define e identifica culturalmente dentro de un sistema de vida que constantemente es rememorado por las comunidades de Boyeco que tratan de mantener vivas las tradiciones ancestrales.

Proyecto

Es así como las profesionales Andrea Yanine y Andrea Maldonado, de Maya, que comparten la visión de una arquitectura consciente y encabezaron un novedoso proyecto bajo el alero de la Agrupación de Mujeres Mapuches del Territorio de Boyeco y el apoyo de la ONG Ser y Sociedad, para rescatar y poner en valor el rucatún y la ruca en este sector.

El proyecto, que cuenta con el financiamiento del FNDR de Cultura, consistió en una serie de encuentros de conversación o trawunes realizados en el consultorio de Boyeco donde participaron vecinos y diversas autoridades ancestrales mapuches, de las cuales se recogieron sus experiencias y saberes respecto al sistema de vida y los aspectos técnicos y espirituales a tener en cuenta sobre las rucas.

Significado

«Es un desafío porque cuesta hablar de la ruca. Mucha de nuestra gente cree que la ruca es sinónimo de pobreza… hablar del barro, paja, aunque yo creo que hoy en día estamos más pobres que cuando teníamos ruca. Es importante hablar de todo esto, reflexionar y hacer conciencia de lo que significa, donde nuestros antepasados convivían, creo que mejor que nosotros», señaló Teresa Boroa, dirigenta la Comunidad Juan Marihual de Boyeco, quien es una de las promotoras de los encuentros.

Las Claves de la Ruca

Según la información recopilada en los trawunes, la ruca era un espacio donde el tipo de materiales y el sistema constructivo permitían generar un adecuado confort ambiental. El buen vivir no solamente era espiritual y psicológico sino también físico. No se pasaba calor ni frío, pues la casa mapuche estaba muy bien aislada.

Se hacía con maderas y paja del ecosistema natural que había en el lugar, se emplazaba en un terreno alto sin afloramiento de agua, estratégico por su buena visibilidad. Su forma era ovalada lo que permitía una geometría circular, habitando el espacio de forma concéntrica, donde el centro es ocupado por el cutral, espacio doméstico-divino colectivo para la familia y que era el punto de encuentro.

Para construir la ruca, el hombre de la familia asumía el rol de rucafe, es decir, de quien hace ruca. Este era un conocimiento común que se aprendía haciendo y ayudado por familiares.

Fuente: Austral Temuco.

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